Mercados

La economía de Venezuela tiene su base fundamental en el petróleo de la nación y sus recursos minerales. Mientras la extracción del recurso ha ayudado al desarrollo de la economía industrial aun así la nación continúa siendo vulnerable a fluctuaciones del mercado mundial.

Venezuela tiene las reservas más grandes de petróleo en el hemisferio occidental, representando aproximadamente la mitad de las reservas de la región, que coloca el país como quinto en el mundo en reservas probadas.

Con las reservas de la faja de Orinoco, el país posee la acumulación más grande del combustible líquido en el planeta.

Petróleos de Venezuela o PDVSA posee actualmente cinco niveles de interrelación con el entorno internacional: El primero, producto de las asociaciones estratégicas dentro del país, principalmente en la Faja del Orinoco, la exploración a riesgo, convenios operativos, empresas mixtas y esquema de ganancias compartidas. Otro esquema se centra en las exportaciones de crudo y sus derivados al mundo, y la categoría final, queda establecida con las compañías que adquirió PDVSA en el exterior, como una manera de afianzar su imagen ante los ojos de las naciones. Ejemplo de esto último son la filial CITGO Petroleum en Estados Unidos, y las refinerías de la Ruhr Oel en Alemania, Nynas en Suecia y Bélgica e Isla en Curazao, entre otros activos

PDVSA ha abierto oportunidades de participación al sector privado nacional e internacional en actividades de producción, mediante convenios operativos en campos maduros, la producción bajo ganancias compartidas en áreas nuevas y asociaciones estratégicas para desarrollar la Faja del Orinoco, entre otros proyectos.

Las modalidades en que Venezuela ha querido expandir su actividad petrolera han sido dos los convenios operativos y las asociaciones estratégicas.

Pero para poder entender en que consisten estas estrategias hay que comprender cabalmente cual es el sentido que tiene esto en el contexto venezolano en este sentido:

Extracto: Abogado Crescente Marcos Furnaguera Martin

admin[arroba]bolivar.info

Consecuencias de la regionalización de las inversiones y del mercado laboral sobre las lenguas y las habilidades lingüísticas.

Según el sociólogo Pierre Bourdieu, todo lo que somos, lo que queremos, lo que creemos y lo que hacemos es determinado por la estructura social caracterizada por el principio de la distinción « dominantes y dominados ». Bourdieu también caracteriza el espacio social como un « campo de fuerzas » o incluso un « campo de lucha » (1994, p. 55) ya que este espacio de poder se distribuye de manera asimétrica. En este contexto, cada uno posee un peso determinado que Bourdieu llama capital y lo utiliza en el « juego » (o « campo del poder » que es pues el lugar de la fijación del valor y los tipos de cambio de todas las especies distintas de capitales presentes en el espacio social) para mejorar su posición.
Los protagonistas que quieren sacar provecho de un campo y perfilarse deben invertir su tiempo, sus conocimientos, su trabajo o su dinero para obtener un « capital », clave del poder dentro del campo. Igual que en el sector de la economía donde la posesión de un capital da el poder a sus portadores, el capital de los otros campos generalmente otorga poder a los que son sus posesores: cuanto más capital se tiene, más se dispone de poder
Es por esta razón que, como lo destaca Albert Breton, a nivel de competencias iguales, algunas empresas arbitran su elección en favor de los que tienen aptitudes para las lenguas. Gilles Grenier y Conrad Sabourin incluso añaden que las lenguas son factores que determinan posibilidades de ganancias pecuniarias, teoría apoyada por Ofelia García y Ricardo Otheguy quienes sostienen que « la lengua es una forma de capital que permite negociar bienes y ventajas » (1994, p. 100) lo que ejerce influencia las motivaciones de los estudiantes. Del mismo modo, como lo destaca François Grin (1990, p. 160), si las competencias lingüísticas de una persona pueden tener incidencias sobre sus rentas, esto implica que las diferencias salariales podrían explicarse por la discriminación ejercidas por los empleadores con los empleados que utilizan una lengua minoritaria.
Ahora, si nos ubicamos del lado del capital lingüístico de la empresa, nos damos cuenta de que éste interviene en la producción pero sobre todo por las tareas lingüísticas no rutinarias, que son probablemente escasas. Es sobre todo como factor externo que se llega a integrar la lengua a los esquemas económicos.
Para las empresas, las incidencias del multilingüismo difieren según si uno se ubica en un contexto regional o nacional. A nivel nacional, el conocimiento de una lengua común que responda a todas las necesidades de comunicación de un sistema es un elemento potente de integración económica y social. Por lo tanto, una lengua común tiene como efecto reducir los costos de la producción y las operaciones en una economía y, por consiguiente, reducir los precios de intercambio, lo que aumenta la competencia. Al contrario, en el marco de la regionalización de la producción y la liberalización del comercio, una política de pluralidad lingüística convierte a los países que la establecen más acogedores para socios comerciales potenciales. En este sentido, el multilingüismo constituye un recurso. La pluralidad lingüística de un país aumenta su potencial en cuanto a las exportaciones, aumenta el valor de la producción nacional y mejora la situación del empleo.
Es por esta razón que, como lo afirma la Oficina Internacional del Trabajo en la edición 1998–99 de su informe sobre el empleo en el mundo, la formación, en particular lingüística, constituye uno de los mejores activos para hacer frente a los retos que les esperan. En la medida en que el conocimiento de otra lengua da prueba de aptitudes superiores y de mayor adaptación del trabajador, toda política destinada a promover el perfeccionamiento lingüístico podría contribuir a aumentar la flexibilidad de una población activa.
Estas observaciones son perfectamente aplicables al caso del Mercosur. En efecto, inspirándose en el modelo europeo, los fundadores del Mercosur se fijaron como objetivo la creación de un mercado común. Yendo bien más allá del simple objetivo de liberalización del comercio de los otros bloques regionales latinoamericanos el Mercosur es una integración centrada en la unión aduanera. El proceso de integración no sólo se reflejó en los intercambios comerciales sino también en las inversiones extranjeras hacia el Mercosur e intra Mercosur (incluso con Chile y Bolivia desde su asociación con el Mercado común).
Según un estudio realizado por la Embajada de Argentina en Brasil (Argentina–Brasil emprendimientos conjuntos, 1999, www.tba.com.br/embarg/frame2.html), la influencia del Mercosur en las inversiones crece desde 1994. En el 2000, las empresas brasileñas invirtieron alrededor de 830 millones de dólares en Argentina (petroquímica con Petrobras, alimentos y bebidas con Arisco, Ceval Alimentos y Brahma, industrias textiles, plásticos y químicos); las inversiones argentinas en Brasil siendo de 1.190 millones de dólares (petroquímica, energía y combustibles, infraestructuras y servicios).

extracto: Samantha Chareille.
chareille[arroba]hotmail.com

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